Lema 2025-2026

Os presentamos el lema de los Colegios Diocesanos para trabajar en este curso escolar 2025-2026: ¿Quién dices que soy yo?

“Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.».”

La primera declaración sobre Jesús, el caminante de Galilea, como “Mesías, Cristo, Hijo de Dios vivo”, tiene lugar en un espacio, Cesarea de Filipo, y un momento concreto. Jesús les interpela abiertamente: vosotros, que habéis caminado conmigo, y habéis sido testigos de mis palabras y mis obras en favor de los pobres ¿Quién decís que
soy? Vosotros, que me conocéis, mis amigos, mis elegidos ¿estáis dispuestos a ser mis discípulos? ¿Queréis compartir mi misión? ¿Queréis conocer las cruces que aguardan mi resurrección? ¿Queréis seguirme con todas
las consecuencias? En definitiva, ¿sabéis a quién seguís y para qué? 

Situado en medio de la vida pública, y a punto de iniciar el camino hacia Jerusalén y hacia la cruz, Jesús pide a sus seguidores un cambio de mentalidad y un compromiso total con el camino del Maestro: soy el Hijo de Dios, no solo un profeta, y ser mis discípulo significa seguirme hasta dar la vida. Por esto el episodio de Cesarea de Filipo marca un giro decisivo en el ministerio de Jesús, hasta el punto que despierta una crisis en la que muchos le abandonan. Tras una primera fase de predicación pública y milagros, principalmente en Galilea, Jesús se retira con su círculo más íntimo de discípulos a esta región apartada para la revelación de aspectos cruciales sobre su identidad y su misión. Jesús nos invita hoy también a nosotros a estar con Él. Siempre busca el momento oportuno para las grandes
preguntas “¿Quién decís que soy yo?” o “¿Crees esto?”. Es un cara a cara del Señor con los suyos, contigo y conmigo.

La elección de Cesarea de Filipo, llamada así en honor de Julio César, para la primera formulación cristológica tiene una fuerte carga simbólica, al ser sede del poder imperial y santuario del culto pagano a Pan, dios de la naturaleza, los pastores y la música, asociado a una gran cueva natural en el acantilado rocoso del lugar. De este modo la pregunta de Jesús sobre su identidad divina y el anuncio de su Iglesia adquieren un nuevo horizonte: es una confrontación
directa con el poder, no basada en el poder terrenal, sino en la revelación divina y la promesa de una comunidad que prevalecerá sobre las fuerzas del mal, simbolizadas por las “puertas del Hades”. 

Este escenario subraya la naturaleza trascendente y contracultural del Reino inaugurado por Jesús, y de la Iglesia que funda, destinada a relacionarse con Dios como Padre y a desafiar los poderes de este mundo por su opción por los pobres y su apuesta por el ser humano. Estos polos de tensiones del evangelio nos resuenan hoy bajo otros nombres:

  • Frente al culto al César, a menudo aclamado como “hijo de dios”, Pedro confiesa a Jesús como “el Hijo del Dios vivo”.
  • Frente a los templos paganos edificados sobre la roca física, Jesús anuncia la edificación de su Iglesia sobre una “roca” diferente, vinculada a la fe confesada por Pedro.
  • Frente a las supuestas “llaves del infierno” del culto al dios Pan, Jesús promete a Pedro “las llaves del reino de los cielos”.
  • Frente a la gruta considerada una “puerta del Hades” Jesús asegura que “las puertas del Hades no prevalecerán” contra su Iglesia.

La pregunta “Y vosotros ¿Quién decís que soy Yo?” que Jesús dirige a sus discípulos trasciende el momento histórico de Cesarea de Filipo, pues se convierte en una interpelación existencial y vocacional para cada creyente de todos los tiempos. 

No se trata de adherirse a una opinión heredada o culturalmente aceptada, sino de formular una respuesta personal, fruto de un encuentro con Cristo y de la acogida de la revelación divina. 

Este momento de “crisis” no afecta solo a la autocomprensión de Jesús sobre su misión, sino que redefine radicalmente lo que significa ser su discípulo. A continuación del anuncio de la Pasión, Jesús establece las condiciones del seguimiento: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”.

Esta respuesta personal, como la de Pedro, no es un acto meramente intelectual, sino que compromete la totalidad de la existencia y tiene consecuencias tanto para la vida del discípulo como para su inserción en la comunidad eclesial. La fe cristiana, por su naturaleza, exige un posicionamiento vital ante la persona de Jesucristo. Ahora Jesús, a lo largo de este curso, nos invita a una nueva intimidad con Él, a cruzar al otro lado del lago, y repetirnos la pregunta decisiva, cuya respuesta atraviesa en dos la historia.

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